El peso de la bandera: un chileno en pistas argentinas


Rugen los motores… Bajo un cielo azul y con la roja sangre furiosa en plena efervescencia, un bólido blanco y su estrella solitaria llegada desde el otro lado de la cordillera se abre  paso entre las veloces máquinas que animan el competitivo automovilismo argentino.
Así van los vertiginosos días de un chileno de pasión innata por la velocidad que con paso decidido y a fuerza de convicción y disciplina, transforma lo que partió como una aventura juvenil en una creciente realidad para el deporte nacional.

Casi una década ha transcurrido desde el día que cambió para siempre la historia personal de Víctor Cornejo.

Con veinte años recién cumplidos, una mañana su padre lo invitó a subir a su auto y emprendieron rumbo a San Antonio, sin mediar mayores detalles. Al llegar a un autódromo el joven  se alegró al entender que pasarían el día mirando las carreras de automovilismo, la gran pasión que hasta el día de hoy les une más allá de lo afectivo.
Pero había más de una sorpresa: un buzo, un par de guantes, botas y casco de competición sobre el capot de un Nissan Tiida rotulado con su nombre, le esperaban a un costado de la pista. Más que simple espectador, esa tarde Víctor sería uno de los protagonistas de la carrera que estaba por comenzar.
El hermoso gesto preparado por su padre fue un hecho definitorio en su vida. Poco le importó lo lejano que aun se veía el podium; en ese momento se encendieron los motores de una pasión vital. Era nada menos que el inicio de la ruta que le llevaría al automovilismo profesional.

Como Schumacher
Desde la inocencia de sus juegos infantiles, cuando armaba carritos con rodamientos de camiones, Víctor Cornejo ya daba señales de la personalidad que le definiría. Siempre bajo la guía y el estímulo paterno, a los nueve años ya podía conducir autos y motos, y a los diez ya hacía su primer salto en paracaídas. En la etapa escolar, su energía e inventiva le mantenían más cerca del deporte que de los libros, pero muy especialmente de todo lo que implicara ruedas y motores. “Desde muy chico que busco la adrenalina, intentando jugar al límite. Desde siempre, si las cosas no eran al límite, no tenían valor para mí”, dice hoy con el entusiasmo brillando en sus pupilas.

Mientras en su entorno cercano le intentaban convencer de que la creciente pasión por el mundo tuerca era sólo momentánea, en ese paso de la niñez a la adolescencia Víctor comienza a proyectar su futuro frente a un volante. Su familia va dimensionando poco a poco el significado de ese poster de Michael Schumacher en la pared de su pieza. Ya en su etapa universitaria, el piloto en potencia termina por escuchar la voz interior que lo llama a las pistas. Convencido, abandona la carrera de Administración de Empresas y se entrega por completo al automovilismo.

Desde su debut en 2006 Víctor no paró: corrió consecutivamente año tras año en la Nissan Tiida Sport, categoría que fue su puerta de entrada a la disciplina. Al año siguiente se anexa al equipo Juan Carlos Kako  Carbonell, uno de los más destacados pilotos del automovilismo chileno, de notable desempeño en pistas nacionales e internacionales.

 La positiva alianza aporta experiencia y le inyecta competitividad al equipo de los Cornejo, aumentando el rendimiento a niveles nunca alcanzados. Su influencia además propicia la migración a la Formula 3, una categoría que el nuevo tutor conoce a la perfección y con la que Víctor engrana de manera casi natural,  involucrándose así definitivamente al ámbito profesional de los bólidos.  
Casi en paralelo el equipo suma una importante victoria gracias al padre de Víctor, que sale campeón en 2009 en la categoría Nissan. Un envión anímico importante para enfrentar los desafíos que vendrán.

Corazón de Chileno
Ya en el año 2011, en una audaz maniobra, Víctor se traslada a Argentina con un nítido objetivo: hacerse un lugar dentro del disputado circuito trasandino.

La jugada fue estratégica y bien pensada: el país vecino es primero a nivel mundial en recintos automovilísticos. La cuna del legendario Juan Manuel Fangio vive con intensidad el vertiginoso mundo de la velocidad gracias a carreras de primer nivel y a una impecable estructura organizativa que sustenta la actividad, lo que mantiene al automovilismo como la segunda mayor pasión deportiva de los argentinos después del fútbol.

El piloto nacional llega así a integrar el equipo RV Racing Sports, recorriendo permanentemente el extenso circuito de autódromos trasandinos y desde ya adaptándose a una nueva dinámica de competencia, a su vez ubicando su nombre  progresivamente en posiciones de privilegio dentro de la clasificación general.

“La bandera es pesada” dice con inquietud Cornejo, acerca de la responsabilidad de ser el único chileno en la Top Race Series argentina  y uno de los cuatro extranjeros presentes en el torneo. Los altos estándares con los que se desarrolla el circuito obligan a no dejar nada al azar. Cualquier cabo suelto podría perjudicar las siempre variantes posibilidades de avanzar.

Más allá del rigor en la competencia, con niveles de exigencia atípicos para el automovilismo chileno, el piloto nacional se ha sentido acogido en suelo trasandino.  “La bienvenida ha sido súper cálida” dice con una sonrisa en el rostro, admitiendo que ha recibido un nivel de apoyo con el que no contaba, tanto de colegas como de su equipo de trabajo en Argentina.

La verdadera faena de Víctor Cornejo en el exigente circuito que lo alberga recién comienza. Basta una simple conversación para percibir la convicción que le envuelve en este momento de su carrera deportiva. El “ahora o nunca”, el vital entusiasmo de quien disfruta lo que hace y el orgullo de vestir los colores nacionales en suelo extranjero parecen razones suficientes para que en breve seamos testigos de su consolidación definitiva.


 “Yo creo mucho en los equipos, y el que hemos logrado es realmente incondicional”, confiesa trasluciendo una confianza en su grupo y en si mismo, la que finalmente sintetiza en una frase: “¡Hay que ponerlo todo!”.

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